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Miserias

Acaso los “azares” no lo sean precisamente por azar, sino porque, quizá, inadvertimos sus motivos; o no. Con la excusa de la “empleabilidad” (¿para qué?…) y la “flexi-seguridad” laboral (¿para quién?…) hay quien mata, paso a paso, poco a poco, el saber, el arte, el pensamiento crítico y, de paso, cualquier forma de vida o causa que no sea «la suya». Lo que sucede es que quienes, en su camino, de esto se percaten, pueden con derecho rebelarse, reclamar «lo suyo» en otro sentido, con lo que aquella posición monopolizadora y dominante deja de estar garantiza. Se diría que, quizá, por esa conciencia, lo único que a aquellos les resta es reducir, suprimir, condenar a un olvido progresivo pero incesante, toda herramienta de apercibimiento y liberación del individuo, de la persona. No hay nadie más “empleable” que un tonto feliz e inconsciente siéndolo. Miserias educativas; miserias filosóficas.

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Ciencia y metafísica

Considero que la metafísica ajena la experiencia difícilmente podrá entenderse, al menos hoy, una ciencia según las pautas y estándares de la filosofía de la ciencia. Sin embargo, los conceptos metafísicos y éticos, que se suelen mencionar, probablemente, puedan abordarse científicamente; describirse, por ejemplo, en términos psicológicos, antropológicos… Cuestión aparte es la de la resolución o explicación científica definitiva; la cual, por lo demás, y en rigor, no existiría para el caso de cualquier objeto estudiado científicamente. Las explicaciones científicas son válidas, fiables, útiles, pero inevitablemente circunstanciales. Y esto último, pienso, no debería ser entendido nunca como un defecto sino como una parte fundamental e integrante de toda explicación científica que se precie. Con todo, siempre habrá entre los científicos quien no entienda, no considere o, sencillamente, rechace esta consideración epistemológica. Lo contrario sería incluso poco estimulante y perjudicial para el desarrollo de la ciencia, del conocimiento en general y de la vida misma. Si tenemos en cuenta lo anterior, y volviendo al cuestionamiento kantiano de fondo sobre la metafísica y el suelo “intangible” en que supuestamente se mueve, dudo seriamente de que el concepto, el objeto, o mejor, el fenómeno “metafísico” lo sea en un sentido absoluto, como inexperiencia. Me explico: la intangibilidad del objeto metafísico (y ético) no supone su ajenidad experiencial; es más, conceptos o representaciones como Dios, alma, libertad, etcétera, son resultado y fuente de la experiencia, de nuestra vivencia y lenguaje de experiencia. Probablemente nunca lleguen a poder, y quizá tampoco deban, reducirse a lo estrictamente físico, pero, en tanto que fenómenos que emergen, y forman parte, del desarrollo de nuestra sensibilidad-conciencia —enraizada en principios psicobiofísicos—, no pueden no constituir precisamente objetos de experiencia. Restan, entre otras, estas cuestiones: ¿qué hará la ciencia con estos objetos “metafísicos” de experiencia?; ¿son éstos asuntos de una filosofía que nada tiene que ver con la ciencia (aunque sea cierta idea sobre la ciencia la que imponga, no sin dogma, esta prohibición)?; o, por contra, ¿pueden ser objetos legítimos de una ciencia filosófica y epistemológicamente más sostenible? Vueltas…

Cita

Cita 9

aldous huxley

Aldous Huxley painted portrait IMG_7518. Foto de Thierry Ehrmann.

…qué somos en relación con nuestras propias mentes y cuerpos; o, a falta de una única palabra, unámoslos con un guión en esta forma compuesta: nuestros cuerpos-mentes. ¿Qué somos con relación a este organismo total en el cual vivimos?

— Aldous Huxley, «¿Quiénes somos (1964), en Sobre la divinidad, trad. Martínez-Lage, Kairós, 2000