Cita

C14

… la asociación, no la sociedad. No se trata aquí de una cuestión terminológica, sino de una cuestión sustancial de ideas, de cosas. Decir sociedad es decir una abstracción, es enunciar un principio, un concepto; es perfilar un fantasma… En cambio, decir asociación equivale a afirmar un hecho: el hecho del humano asociarse… «Una asociación que se cristaliza en una sociedad —entiéndase en un ordenamiento político— deja de existir como asociación, pues asociación significa un incesante reunirse de los hombres entre ellos». Ergo: si la sociedad se constituye, la asociación muere, mi individualidad desaparece, esa individualidad que quiero custodiar celosamente…

— Cesare Enrico Aroldi, “La esencia del anarquismo”, Sonzogno, 1910, p. 28 (trad. propia).

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Miserias

Acaso los “azares” no lo sean precisamente por azar, sino porque, quizá, inadvertimos sus motivos; o no. Con la excusa de la “empleabilidad” (¿para qué?…) y la “flexi-seguridad” laboral (¿para quién?…) hay quien mata, paso a paso, poco a poco, el saber, el arte, el pensamiento crítico y, de paso, cualquier forma de vida o causa que no sea «la suya». Lo que sucede es que quienes, en su camino, de esto se percaten, pueden con derecho rebelarse, reclamar «lo suyo» en otro sentido, con lo que aquella posición monopolizadora y dominante deja de estar garantiza. Se diría que, quizá, por esa conciencia, lo único que a aquellos les resta es reducir, suprimir, condenar a un olvido progresivo pero incesante, toda herramienta de apercibimiento y liberación del individuo, de la persona. No hay nadie más “empleable” que un tonto feliz e inconsciente siéndolo. Miserias educativas; miserias filosóficas.

Cita

Cita 5

Ortega y Gasset

CC BY 2.0 Arturo Espinosa.

¿Será, entonces, la sociedad una realidad peculiar intermedia entre el hombre y la naturaleza, ni lo uno ni lo otro, pero un poco lo uno y un mucho lo otro? ¿Será la sociedad una cuasinaturaleza y, como ella, algo ciego, mecánico, sonámbulo, irracional, brutal, desalmado, lo contrario del espíritu y, sin embargo, precisamente por eso, útil y necesaria para el hombre? ¿Pero ello mismo —lo social, la sociedad—, no hombre ni hombres, sino algo así como naturaleza, como materia, como mundo? ¿Resultará, a la postre, que viene, por fin, atener formal sentido el nombre que desde siempre se le ha dado informalmente de «Mundo» social?

—José Ortega y Gasset, El hombre y la gente (1935), Espasa-Calpe, 1972