Cita

C14

… la asociación, no la sociedad. No se trata aquí de una cuestión terminológica, sino de una cuestión sustancial de ideas, de cosas. Decir sociedad es decir una abstracción, es enunciar un principio, un concepto; es perfilar un fantasma… En cambio, decir asociación equivale a afirmar un hecho: el hecho del humano asociarse… «Una asociación que se cristaliza en una sociedad —entiéndase en un ordenamiento político— deja de existir como asociación, pues asociación significa un incesante reunirse de los hombres entre ellos». Ergo: si la sociedad se constituye, la asociación muere, mi individualidad desaparece, esa individualidad que quiero custodiar celosamente…

— Cesare Enrico Aroldi, “La esencia del anarquismo”, Sonzogno, 1910, p. 28 (trad. propia).

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Fenómeno y noúmeno

Hace un tiempo publiqué dos artículos de investigación en torno a las definiciones kantianas de los conceptos de fenómeno y de noúmeno, respectivamente. Allí apunté la que podría ser una definción operativa válida de cada uno de estos conceptos de acuerdo a las propias palabras de Kant a lo largo de las páginas de su Crítica de la razón pura. En esta ocasión, aprovecho solamente para traer aquí aquellas definiciones, y remito a los artículos mencionados a todo aquel que quiera encontrar su justificación y fuentes concretas.

¿Qué es el «fenómeno» en Kant?

En general, el «fenómeno» de Kant puede definirse como el objeto de la experiencia que se nos presenta a través de las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y del entendimiento (categorías).

¿Qué es el «nóumeno» en Kant?

El «noúmeno» de Kant puede definirse, en general, como el objeto del entendimiento puro que solo puede ser pensado en sí mismo, al margen de cualquier intuición sensible y categoría.

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Ciencia y metafísica

Considero que la metafísica ajena la experiencia difícilmente podrá entenderse, al menos hoy, una ciencia según las pautas y estándares de la filosofía de la ciencia. Sin embargo, los conceptos metafísicos y éticos, que se suelen mencionar, probablemente, puedan abordarse científicamente; describirse, por ejemplo, en términos psicológicos, antropológicos… Cuestión aparte es la de la resolución o explicación científica definitiva; la cual, por lo demás, y en rigor, no existiría para el caso de cualquier objeto estudiado científicamente. Las explicaciones científicas son válidas, fiables, útiles, pero inevitablemente circunstanciales. Y esto último, pienso, no debería ser entendido nunca como un defecto sino como una parte fundamental e integrante de toda explicación científica que se precie. Con todo, siempre habrá entre los científicos quien no entienda, no considere o, sencillamente, rechace esta consideración epistemológica. Lo contrario sería incluso poco estimulante y perjudicial para el desarrollo de la ciencia, del conocimiento en general y de la vida misma. Si tenemos en cuenta lo anterior, y volviendo al cuestionamiento kantiano de fondo sobre la metafísica y el suelo “intangible” en que supuestamente se mueve, dudo seriamente de que el concepto, el objeto, o mejor, el fenómeno “metafísico” lo sea en un sentido absoluto, como inexperiencia. Me explico: la intangibilidad del objeto metafísico (y ético) no supone su ajenidad experiencial; es más, conceptos o representaciones como Dios, alma, libertad, etcétera, son resultado y fuente de la experiencia, de nuestra vivencia y lenguaje de experiencia. Probablemente nunca lleguen a poder, y quizá tampoco deban, reducirse a lo estrictamente físico, pero, en tanto que fenómenos que emergen, y forman parte, del desarrollo de nuestra sensibilidad-conciencia —enraizada en principios psicobiofísicos—, no pueden no constituir precisamente objetos de experiencia. Restan, entre otras, estas cuestiones: ¿qué hará la ciencia con estos objetos “metafísicos” de experiencia?; ¿son éstos asuntos de una filosofía que nada tiene que ver con la ciencia (aunque sea cierta idea sobre la ciencia la que imponga, no sin dogma, esta prohibición)?; o, por contra, ¿pueden ser objetos legítimos de una ciencia filosófica y epistemológicamente más sostenible? Vueltas…