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Cambio y experiencia

Creo entender al de Köningsberg cuando asevera aquello de que el concepto de cambio tiene su base en la experiencia. En primer lugar, de acuerdo con su propia epistemología, cualquier entendimiento humano del «cambio» radicaría en la operación de un sujeto ya cognoscitivo que, mediante las «formas a priori de la sensibilidad», espacio y tiempo, y la categoría de «causalidad» (ambas condiciones previas del conocimiento experiencial según Kant), produce la representación del objeto en devenir o cambiante. Con ello Kant, quizá, esté diciendo que todo concepto de cambio, es decir, representado o fenomenológico, presupone las nociones de espacio (algo que se nos presenta), tiempo (algo espacial con permanencia indefinida) y causalidad (algo espacial-permanente que puede afectarse y afectar otro algo).

Con esto, pienso, no se asegura nada sobre “el cambio” en sí, ajeno al sujeto-objeto que conoce, sino, diferentemente, sobre el concepto, representación o fenémeno del cambio. En este sentido, existirá el cambio aunque no haya quien se lo represente (probablemente), pero cuando alguien, en efecto, se lo plantea lo hace ya, quiera o no, en cuanto sujeto-objeto perceptor, interpretador, aprehendedor, a partir de sus condicionantes, según Kant, de espacio, tiempo y causalidad. Esta podría ser la estructura interna de la argumentación kantiana sobre el concepto experiencial del cambio.

En segundo lugar, y aquí abandono la estructura interna del razonamiento de Kant (que, por lo demás, no comparto en lo que de a priori o “puro” contiene), el cambio, en mi concepto, solo existe en tanto que experiencia, del tipo que sea. Si la “noción” de cambio es innata o congénita, lo mismo da; eso no quita o elimina, para nosotros, y por ende no en sí o a priori, la realidad del cambio como experiencia; su expresión, sigue, permanece en otros lugares, antes, desde los secretos y desarrollos más elementales y misteriosos de la vida, de la materia, de la genética, del embrión, del organismo…; y vuelta.

Concluyo. Desconozco si Kant se mostró muy seguro de sus postulados, si así fue seguramente se equivocase, pues toda afirmación llama a su cuestión, cabe pues la duda. Y ¿puedo estar seguro de mi concepto?, ¿podemos estar seguros del cambio sin experiencia?…

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Ciencia y metafísica

Considero que la metafísica ajena la experiencia difícilmente podrá entenderse, al menos hoy, una ciencia según las pautas y estándares de la filosofía de la ciencia. Sin embargo, los conceptos metafísicos y éticos, que se suelen mencionar, probablemente, puedan abordarse científicamente; describirse, por ejemplo, en términos psicológicos, antropológicos… Cuestión aparte es la de la resolución o explicación científica definitiva; la cual, por lo demás, y en rigor, no existiría para el caso de cualquier objeto estudiado científicamente. Las explicaciones científicas son válidas, fiables, útiles, pero inevitablemente circunstanciales. Y esto último, pienso, no debería ser entendido nunca como un defecto sino como una parte fundamental e integrante de toda explicación científica que se precie. Con todo, siempre habrá entre los científicos quien no entienda, no considere o, sencillamente, rechace esta consideración epistemológica. Lo contrario sería incluso poco estimulante y perjudicial para el desarrollo de la ciencia, del conocimiento en general y de la vida misma. Si tenemos en cuenta lo anterior, y volviendo al cuestionamiento kantiano de fondo sobre la metafísica y el suelo “intangible” en que supuestamente se mueve, dudo seriamente de que el concepto, el objeto, o mejor, el fenómeno “metafísico” lo sea en un sentido absoluto, como inexperiencia. Me explico: la intangibilidad del objeto metafísico (y ético) no supone su ajenidad experiencial; es más, conceptos o representaciones como Dios, alma, libertad, etcétera, son resultado y fuente de la experiencia, de nuestra vivencia y lenguaje de experiencia. Probablemente nunca lleguen a poder, y quizá tampoco deban, reducirse a lo estrictamente físico, pero, en tanto que fenómenos que emergen, y forman parte, del desarrollo de nuestra sensibilidad-conciencia —enraizada en principios psicobiofísicos—, no pueden no constituir precisamente objetos de experiencia. Restan, entre otras, estas cuestiones: ¿qué hará la ciencia con estos objetos “metafísicos” de experiencia?; ¿son éstos asuntos de una filosofía que nada tiene que ver con la ciencia (aunque sea cierta idea sobre la ciencia la que imponga, no sin dogma, esta prohibición)?; o, por contra, ¿pueden ser objetos legítimos de una ciencia filosófica y epistemológicamente más sostenible? Vueltas…

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De las intuiciones

La cuestión es interesante y sugerente. Si, como se dice, la epistemología aristotélica es empírica, entonces parece contradictorio que se conceda y afirme la posibilidad de un conocimiento inmediato ajeno a ella. El riesgo de contradecir incluso su propio principio de “no contradicción” parece aquí evidente. ¿Existe la posibilidad de una demostración ajena a la experiencia?, ¿puede ser la lógica (o las lógicas) misma independiente de toda causa y efecto experiencial? Mi duda sobre esto es seria. La divinización de ciertos entendimientos deviene rápidamente entelequia, como irrealidad. El silogismo, la lógica, sea del tipo que sea, pudiera ser siempre lenguaje, signo, representación, y precisamente bajo esta naturaleza límite sería siempre relativa a nuestros contenidos de experiencia en el mundo, en la cultura, de la vida, nuestra vida, o ¿sería posible o imaginable una imagen de la lógica no lingüística? Considero un esfuerzo inútil la ausencia de contenido, la pura abstracción. Rápidamente su realidad se torna, una vez más, lenguaje, y por ello, experiencia. El necesario afán de universalidad no parece excluir la realidad del suelo concreto del que surge y que constituye su meta universal; no parece excluir la realidad de su referencia de experiencia. El suelo firme del entendimiento puro, de la intuición de Aristóteles, se desvanece en lo concreto y real en que vivimos, y por el que vivimos. ¿Es real alguna lógica, algún entendimiento, sin lenguaje?, ¿algún lenguaje sin experiencia?, ¿alguna experiencia sin lenguaje? Se diría que permanece lo empírico, pero la cuestión sigue abierta.