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Ciencia y metafísica

Considero que la metafísica ajena la experiencia difícilmente podrá entenderse, al menos hoy, una ciencia según las pautas y estándares de la filosofía de la ciencia. Sin embargo, los conceptos metafísicos y éticos, que se suelen mencionar, probablemente, puedan abordarse científicamente; describirse, por ejemplo, en términos psicológicos, antropológicos… Cuestión aparte es la de la resolución o explicación científica definitiva; la cual, por lo demás, y en rigor, no existiría para el caso de cualquier objeto estudiado científicamente. Las explicaciones científicas son válidas, fiables, útiles, pero inevitablemente circunstanciales. Y esto último, pienso, no debería ser entendido nunca como un defecto sino como una parte fundamental e integrante de toda explicación científica que se precie. Con todo, siempre habrá entre los científicos quien no entienda, no considere o, sencillamente, rechace esta consideración epistemológica. Lo contrario sería incluso poco estimulante y perjudicial para el desarrollo de la ciencia, del conocimiento en general y de la vida misma. Si tenemos en cuenta lo anterior, y volviendo al cuestionamiento kantiano de fondo sobre la metafísica y el suelo “intangible” en que supuestamente se mueve, dudo seriamente de que el concepto, el objeto, o mejor, el fenómeno “metafísico” lo sea en un sentido absoluto, como inexperiencia. Me explico: la intangibilidad del objeto metafísico (y ético) no supone su ajenidad experiencial; es más, conceptos o representaciones como Dios, alma, libertad, etcétera, son resultado y fuente de la experiencia, de nuestra vivencia y lenguaje de experiencia. Probablemente nunca lleguen a poder, y quizá tampoco deban, reducirse a lo estrictamente físico, pero, en tanto que fenómenos que emergen, y forman parte, del desarrollo de nuestra sensibilidad-conciencia —enraizada en principios psicobiofísicos—, no pueden no constituir precisamente objetos de experiencia. Restan, entre otras, estas cuestiones: ¿qué hará la ciencia con estos objetos “metafísicos” de experiencia?; ¿son éstos asuntos de una filosofía que nada tiene que ver con la ciencia (aunque sea cierta idea sobre la ciencia la que imponga, no sin dogma, esta prohibición)?; o, por contra, ¿pueden ser objetos legítimos de una ciencia filosófica y epistemológicamente más sostenible? Vueltas…

Cita

Cita 8

feyerabend2¿Para qué es buena toda esta conmoción? Lo más que puede lograr es arruinar la propia paz mental en donde uno tiene su pequeños compartimientos. En ellos todo es conocido, se ha ido instalando cosa por cosa, has llegar a ser apreciado y querido. ¿Debo estar alerta por si el reloj arroja fuego en mi cara o por si el pájaro sale de su jaula y ataca vorazmente al perro? No. El reloj da las seis cuando son las seis como han sido las seis durante tres mil años. Esto es lo que yo llamo orden. Esto es lo que a uno le gusta, aquello con lo que uno puede identificarse.

— STERNHEIM, Die Hose; en Feyerabend, Contra el método, Folio, 2002

Cita

Cita 3

Retrato de S. Kierkegaard…no soy ni más ni menos que un hombre; y supongo que aquel con quien tengo el honor de hablar es también un hombre. Si quiere ser la especulación, la especulación pura, tendré que dejar de hablar con él, porque en ese mismo abrir y cerrar de ojos se vuelve invisible para mí y para los débiles ojos mortales del hombre.

Por lo tanto: a) puede haber un sistema lógico; b) pero no puede haber un sistema de la existencia.

—Søren Kierkegaard, Post Scriptum, trad. J. Teira y N. Legarreta, Sígueme, 2010