La «muerte de Dios» según Nietzsche

Aforimo 129 de la «Ciancia jovial» de F. Nietzsche.

Fundamentos de Dios según Nietzsche: personas sabias y muchas incultas. Tomada de Nietzsche, F. (2001). La ciencia jovial (La gaya scienza), Madrid: Biblioteca Nueva, p. 223.

Para poder comprender el concepto nietzscheano de «muerte de Dios», antes, debemos conocer qué entendía Nietzsche por el de «Dios» mismo. En esta entrada, os ofrezco mi traducción de dos posibles definiciones válidas tanto de este como de aquel.

Dios, para Nietzsche, es la más antigua de las mentiras vitales («nuestro engaño más largo»), o la mentira que resume todas las demás mentiras. De hecho, Dios representa la personificación de las varias certezas metafísicas, morales y religiosas elaboradas por la humanidad para dar un sentido «plausible» y un orden «tranquilizador» al desorden de la vida y del mundo. Más específicamente, Dios se configura como símbolo de cada perspectiva ultramundana y antivital que sitúe (véase la tradición platónico-cristiana) el sentido del ser fuera y como alternativa al ser: «Dios, la fórmula de cada calumnia del “más acá”, ¡de cada mentira del “más allá”! En Dios la nada se diviniza, ¡la voluntad de la nada se consagra!».

Muerte de Dios. Expresión mediante la que Nietzsche, congruentemente con su visión de Dios (v.), alude a la desaparición de todas las certezas absolutas que han mantenido los hombres a lo largo de los milenios, a guisa de estables puntos de referencia, capaces de «exorcizar» la consternación provocada por el flujo irracional y caótico de las cosas. Tal vivencia es presentada por Nietzsche como un evento a través del cual el hombre-loco (= el filósofo-profeta) ve lúcidamente el suceder, pero del que la humanidad todavía no ha tomado consciencia. La aceptación de la muerte de Dios representa el presupuesto necesario de la transición del hombre al superhombre.

N.B: 1) Cuando Nietzsche habla de la muerte de Dios, ciertamente, alude también a la muerte del Dios cristiano, pero no solo al Dios cristiano, ya que su fórmula, como se ha visto, tiene un alcance más general; 2) el ateísmo de Nietzsche es radical y representa el presupuesto a partir del que todo su discurso filosófico adquiere sentido y consistencia: «Ninguna duda, de hecho, respecto al ateísmo de Nietzsche, no obstante las fundadas y sugestivas cautelas de Heidegger […]. Con Nietzsche, no solo Dios sino todos los dioses han muerto» (M. Ruggenini).


Traducción propia de: Fornero, G. (2000). Capitolo primo: Nietzsche. Glossario e riepilogo. En G. Fornero (Ed.), Protagonisti e testi della filosofia. Volume D. Tomo 1 (2.ª ed., p. 36). Milano: Paravia .

4 comentarios en “La «muerte de Dios» según Nietzsche

  1. Leyendo esta interesante entrada, me asaltan ciertas preguntas, como las que siguen. ¿Qué ocurre con la muerte de Dios? ¿Tan grave es? Muerte, o tal vez, mejor llamarlo asesinato, pues creo recordar que Dios no murió por muerte “natural”. ¿Es tan terrible ese asesinato porque entonces, parafraseando a Dostoievski, si Dios a muerto todo está permitido? Y otra cuestión que me surge en referencia al hombre y el superhombre: ¿La transición del hombre al superhombre está fundamentada en la transvaloración de la que tanto habla Nietzsche? ¡Perdona la retahíla de preguntas, pero éstas no las puedo controlar!

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    • Saludos Onofre, me alegra que te haya te parecido interesante y que te haya inspirado ese torrente de preguntas. Sin embargo, esta vez, he decidido no dejar mi respuesta por aquí, como comentario. En un principio así iba a ser, pero al terminar de escribir aquí pensé que podía presentarse como una entrada aparte. Tampoco desentonaba con la temática “Nietzsche” de mis últimas entradas. En cualquier caso, te pido disculpas por la incorrección.

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    • Disculpa, releyendo ahora el texto, he localizado algunas erratas. La más importante, estaba en la redacción de las últimas cuestiones sobre la relación entre “transvaloración” y “superhombre”. Con la redacción que, en parte, tenían (segunda de la primera y toda la segunda) se expresaba lo contrario de lo que pensaba, si bien el sentido correcto podía deducirse del de la primera parte de la primera pregunta. La redacción ya está corregida, por si quieres darle una nueva lectura a ese punto.

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