La funcionalidad de la historia para la vida (I)

En esta entrada se introduce la hipótesis de que los seres humanos somos animales motivados históricamente, es decir, dispuestos para la acción en función de un tipo de interés «histórico-conductual».

Cita para «Sobre la funcionalidad...»

Frase de Goethe citada por Nietzsche en 1874. Tomada de «Sobre la utilidad y los perjuicios de la historia para la vida» (Edaf, 2000, p. 31).

En la ciencia como en la vida, creo que se debe mezclar la confianza con la humildad (confianza en objetivos y puntos de vista concretos, humildad para reconocer que podemos estar totalmente equivocados y que tendremos que cambiar de opinión). Me gusta decir que la vida sin confianza es desapasionada y sin humildad hace que nos dejemos poseer por una idea fija y seamos reacios a los cambios.

LAWRENCE A. PERVIN, La ciencia de la personalidad

«Un buen libro lleva tiempo». Todo buen libro sabe áspero cuando aparece: tiene el defecto de la novedad. Además, le perjudica su autor vivo, en el caso de que sea conocido y se sepa mucho sobre él; pues todo el mundo suele confundir al autor con su obra. Lo que en esta hay de espíritu, dulzura y brillo, debe primero desarrollarse con los años, bajo los cuidados de una veneración creciente, luego antigua, finalmente tradicional. No pocas horas deben transcurrir sobre ella, no pocas arañas haber tejido su red en ella. Los buenos lectores hacen cada vez mejor un libro y los buenos adversarios lo acrisolan.

F. NIETZSCHE; Humano, demasiado humano, § 153

Introducción

Este escrito no pretende otra cosa que explicitar, desde la perspectiva del autor, una intuición misteriosa: que los seres humanos somos animales históricos, o si se quiere animales motivados históricamente; o, lo que es lo mismo, dispuestos para la acción en función de un tipo de actitud sobre su temporalidad.

Esta hipótesis de conocimiento surge, y hay que aclararlo desde el principio, de la lectura y estudio de Sobre la utilidad y los perjuicios de la historia para la vida, una obra de Friedrich Nietzsche publicada en 1874. Se trata de su segunda Consideración intempestiva, en el marco de una voluntad de renovación artística e intelectual. Las consideraciones allí expuestas por el filólogo y filósofo Nietzsche, en efecto, se encuentran fuera del tiempo, son intemporales, y en este aquí y ahora las volvemos a rescatar, es decir, las volvemos a recuperar a través de nuestros procesos de memoria a largo plazo, transformándolas, al mismo tiempo, en algo nuevo. Nietzsche creó a finales del siglo XIX, y puede que de forma inconsciente, un posible modelo teórico sobre la «motivación histórica» en el ser humano. Aquí se escucha, fuerte, una protesta, ¿pero es acaso la «motivación histórica» un objeto de estudio científico? Y lo que respondo es que sostengo la efectiva posibilidad de que así sea en un futuro indeterminado de la historia de las ciencias humanas.

Propongo que la «motivación histórica» pueda ser un motivo social característico del comportamiento humano, un motivo que emerge de la integración de los motivos sociales (logro, afiliación y poder) y de la conciencia de sujeto «mnemónico» o histórico. La combinación de niveles, cualitativa y cuantitativamente diferentes, de logro, afiliación, poder y conciencia de sujeto histórico, dispondrían a la persona para actuar de una determinada manera como sujeto temporal. Existiría, pues, un esquema motivacional profundo que predispondría hacia diferentes metas e interpretaciones históricas básicas. Surgirían, así, distintas actitudes de temporalidad o intereses respecto de la historia (pasada, presente y o futura).

Antes de continuar con la argumentación, conviene hacer un alto en el camino para poder definir, aproximadamente, dos conceptos fundamentales de la hipótesis de partida o misteriosa. Por un lado, trataré de definir, concretamente, lo que entiendo por animal o «sujeto histórico», y, por otro, buscaré una definición de «actitud de temporalidad».

El concepto de «sujeto histórico» está muy relacionado con el de sujeto psicológico o psíquico, se diría que el primero depende del último, y que el último soporta la existencia del primero, pero de ningún modo deberíamos intercambiarlos puesto que no son conceptos sinónimos. Existiría una relación empírica entre uno y otro (ya que ambos soportarían e integrarían la conciencia de logro, afiliación y poder), aunque lo que los distinguiría sería la ausencia, en el sujeto psíquico, de una conciencia de la historia para la supervivencia en el medio sociocultural humano. Me explico, los seres humanos habríamos creado, a través de nuestra «sensibilidad-percepción-conciencia», diferentes pautas circunstanciales de conducta en función del pasado, es decir, nuestro comportamiento podría estar mediado, energizado y dirigido por la interpretación que hacemos del devenir histórico de nuestro entorno. Lo que el «sujeto histórico» generaría, o, más bien, nunca terminaría de generar, sería un sistema de creencias, supuestos o pensamientos explicativos acerca de la función vital del paso del tiempo, es decir, de la temporalidad del hombre en el planeta Tierra. Este sistema de creencias o valoraciones fundamentaría el tipo de interés de la historia para la vida, apoyándose siempre en el aparato afectivo–emocional del organismo humano.

Una determinada teoría sobre el devenir, la historia o la temporalidad del hombre, focalizaría, gestionaría y movilizaría cierto tipo de recursos (cognitivos y afectivos) para la realización de una determinada acción de supervivencia o adaptación a las demandas del ambiente. Sabemos por experiencia (científica y común) que los animales superiores comparten con nosotros la presencia de una especie de «sujeto psicológico» que se manifiesta en la existencia de conducta «objetiva», facilitada y posibilitada por una compleja formalización realizada en los sistemas sensitivo-perceptivos: por ejemplo, el perro reacciona ante objetos (el hombre, la casa, el gato…) y no sólo ante estímulos puntuales (frío, un roce, un dolor…), alcanzando también estados de hipercomplejidad psíquica: tanto en su sistema de señales como en sus programas de respuesta (Monserrat, 2008).

En definitiva, por sujeto psíquico entendemos, al igual que Javier Monserrat (2008), la capacidad de impulsar unas u otras acciones, con el control motor necesario, a partir de la conciencia integrada del medio externo e interno, sintiendo además su actuación motora controlada desde un centro impulsor constituido por su capacidad de reaccionar unitariamente. El animal superior, evidentemente, no tiene un aparato cognitivo («mente») para construir una reflexión sobre su condición de sujeto (tal y como lo hace el hombre, es decir, históricamente), pero sí siente efectivamente su actuación como sujeto. Aquí el hombre es ya un sujeto psicológico que haría una interpretación de su condición de sujeto desde el psiquismo racional y emocional. En este punto se puede esconder una ruptura, es decir, un salto cualitativo entre el «sujeto psíquico» y el «sujeto histórico-racional». En general, se diría que el «sujeto histórico» se complace como intérprete de su pasado, presente y futuro. Por consiguiente, manejaría, implícitamente, una teoría sobre su pasado, su cultura y su historia. Quiero decir, la persona se dispondría para la acción en función de su «motivación histórica», y sus intereses fluctuarían entre la heroicidad, la conservación y la destrucción respecto del pasado. De esta forma, surgirían en las personas ciertas «actitudes de temporalidad».

Por «actitud de temporalidad» entiendo el modo individual (y, quizás, colectivo) en que la historia podría pertenecer al ser vivo, en particular, a la vida del ser humano en general. Llegados a este punto, resulta necesario identificar tres posibles e hipotéticos modos de pertenencia: primero, en la medida en que es un ser activo y persigue una meta; segundo, en la medida en que conserva y venera lo que ha sido construido; y, tercero, en la medida en que sufre y necesita una liberación (Nietzsche, 1874/2000).

A estos tres modos de pertenencia les corresponderían probablemente tres interpretaciones básicas de la historia, es decir, tres teorías de la historia: una teoría «monumental», una teoría «anticuaria» y una teoría «crítica» (Nietzsche, 1874/2000). A partir de estas tres interpretaciones de la historia podríamos hablar de una «motivación histórica» heroica, de una conservadora, y de una revolucionaria. La motivación «histórico-heroica» consistiría en un interés por emular los modelos de conducta activa del pasado (su modelo comportamental son los grandes hombres o personajes de la historia); la motivación «histórico-conservadora» tendría interés en no perder ningún hecho del pasado, desea conservarlo todo, y que cada elemento del pasado adquiera una justificación o interés dentro del devenir histórico presente (su modelo conductual tiene como representación al hombre conformista con la historia); por último, la motivación «histórico-revolucionaria» se fundamentaría en el interés por romper con la tradición histórica que le atormentaría y obstaculizaría en su actividad presente y futura, le interesaría criticar para destruir y destruir para crear (su modelo de comportamiento tiene que ver con el hombre rebelde o inconformista con la historia).

Estos tres tipos hipotéticos de motivación histórica podrían parecer excluyentes unos de otros, pero nada más lejos de la realidad, ya que un «sujeto temporal o histórico», a lo largo de su vida, podría experimentar la realidad presente tanto heroicamente, como de forma conservadora y revolucionaria, en función de un análisis e interpretación personal del contexto sociocultural en el que se encuentra. De hecho, Nietzsche (1874/2000, p. 58) lo expresa con las siguientes palabras:

Cada una de las tres concepciones de la historia es válida tan sólo en un suelo y en un clima particulares: en cualquier otro terreno crece como hierba devastadora. Cuando un hombre que desea realizar algo grande tiene necesidad del pasado, se apropia de él mediante la historia monumental; a su vez, el que persiste en lo habitual y lo venerado a lo largo del tiempo, cultiva el pasado como historiador anticuario; y sólo aquel a quien una necesidad presente oprime el pecho y que, a toda costa, quiere librarse de esa carga, siente la necesidad de la historia crítica, es decir, de una historia que juzga y condena. Muchos males pueden venir del trasplante imprudente de estas especies: el que critica sin necesidad, el anticuario sin piedad, el conocedor de la grandeza sin ser capaz de realizar grandes cosas son tales plantas que, separadas de su suelo original y materno, degeneran y retornan al estado salvaje.

El nivel óptimo de adaptación a las múltiples demandas del ambiente, por parte de cualquier sujeto histórico, estaría en función de un determinado equilibrio motivacional entre los tres tipos de «interés histórico». Dicho equilibrio, que podemos llamar «histórico-motivacional», dependería de la actualización relativa de los diferentes «motivos o intereses históricos», en función de las circunstancias (personales y socioculturales) concretas.

Lo expuesto anteriormente, sirve como aproximación a una demarcación conceptual de un hipotético objeto de estudio en psicología y otras ciencias sociales. Se trataría de una nueva dimensión o coordenada reguladora del proceso motivacional, denominada histórico–reproductiva («heroica»)—histórico-constructiva («revolucionaria»). Es decir, se trataría de un continuo actitudinal que iría, en función del momento y del contexto interpretado, desde un interés reproductivo hasta otro constructivo, colocándose en el punto medio lo que llamaríamos un interés conformista («conservador»). Esta hipotética coordenada reguladora del proceso motivacional para la acción se añadiría a las ya consensuadas científicamente, a saber: Aproximación—Evitación; Autorregulada (intrínseca)—Regulada externamente (extrínseca); y, Profundo (implícito)—Superficial (autoatribuido) (Huertas, 1997). Además, esta nueva dimensión histórico-motivacional, llamada Reproductiva («heroica»)—Constructiva («revolucionaria»), podría relacionarse de manera interactiva y compleja con el resto de dimensiones o coordenadas reguladoras del proceso motivacional.

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