El «eterno retorno» y el «superhombre» de Nietzsche

El peso más pesado. Aforismo 341 de «La ciencia jovial (La gaya scienza)».

El más famoso aforismo de Nietzsche sobre el «etorno retorno». Tomada de Nietzsche, F. (2001). La ciencia jovial (La gaya scienza), Ed. G. Cano, Biblioteca Nueva, p. 327.

Se trata de dos conceptos diferentes, pero —como se comprobará— relacionados, de la filosofía de Nietzsche. Ambos se encuadran, convencionalmente, como pertenecientes y máximos representantes conceptuales de la fase o del periodo de «Zarathustra» —un tipo a mí simpático, que, sin ser el «superhombre», se nos presenta como su profeta, y lo hace desde una extraordinaria y sugestiva prosa lírica o poética de Nietzsche (1883-1885)—. Dado aquel vínculo, a continuación, os presento mi traducción de una posible definición válida de cada uno de estos conceptos.

Eterno retorno de lo Idéntico. Es la doctrina según la cual Sigue leyendo

La segura ignorancia

Dice este autor:

Nadie duda de que la gran mayoría de las filosofías y los filósofos más populares no tienen nada que ofrecer frente al rigor, la consistencia y la exactitud del conocimiento científico. Muchos de ellos, cuando no se entretienen injuriando a la ciencia con jerga pomposa pero obscura e indescifrable, se dedican a malgastar papel o bits escribiendo o tipeando sobre el significado del significado. En esta categoría encontramos a los Jacques Lacan, los Martin Heidegger, los Paul Feyerabend tardíos, los Bruno Latour, los Friederich Nietzsche, las Esther Díaz, los Ricardo Forster, los José Pablo Feinmann, las Judith Butler y los Edgar Morín.

Pero claro, el que no duda aquí no es todos, ni la mayoría de las filosofías, ni los filósofos que, Sigue leyendo

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Vueltas

Vueltas.—Gracias por tus palabras Onofre, mejor, por tus preguntas. Retóricas o no, son precisamente estas las que nos mueven continuamente, las que nos inquietan; y lo hacen para bien o para mal, ¿cuestión esta de perspectiva? Lo cierto es que lo hacen, y difícilmente seríamos lo que somos, fuimos o seremos sin su acicate e insatisfacción permanentes. Las respuestas son su otra cara, su contrapunto, necesarias en la acción por necesitadas, pero, en algún punto, siempre insatisfactorias; son momentos de quietud, de inevitable y exigido reposo, pero también de tránsito hacia siguientes preguntas que serán su exigente azote. Preguntas, que vuelven y que van, que dan vueltas y en su ir y venir abren o cierran horizontes nuevos o no tan nuevos; está por ver. Eterna insatisfacción, eterna satisfacción, movimientos que no cesan, retornan, se transforman, en fin, ¿mi vida?, ¿nuestra vida? Quizás la «muerte de Dios» apunta hacia la vivencia consciente y desnuda de aquella insatisfacción. Ninguna certeza, ninguna respuesta definitiva, ninguna elaborada construcción del pensamiento, puede considerarse satisfecha. ¿Todo está permitido, porque todo ha sido cuestionado?, ¿es quizás esta su gravedad? También su alegría, la del «superhombre», la de vivir respuestas y preguntas que no cesan, de vivir lo que somos, sin reproches, sin detenerse, superándose en cada instante, trans-valorándose; porque ¿y si la «transvaloración» no conduce al «superhombre», sino este tipo a aquella? Pero, añado, ¿sería, entonces, aquella la definitiva?, ¿la única? Vueltas.