El «fenómeno» para Kant

Introducción

A continuación,  trataremos de dilucidar el significado de un concepto esencial de la filosofía kantiana: el fenómeno. Para ello, identificaremos los significados que adquiere este concepto en la Crítica de la razón pura (2011, A y B) de Kant, para luego, finalmente, ofreceros una probable definición sintética y operativa del mismo.

Para la estructuración y el desarrollo de este trabajo de análisis vamos a seguir, por orden, los sentidos que se señalan para la palabra «fenómeno» (en alemán, Erscheinung, Phaenomenon) en la correspondiente entrada del índice temático de la citada edición de la Crítica (ibid., págs. CCXCVIII y CCXCIX).

Las palabras o frases que en las citas aparecen entre corchetes [] corresponden a los añadidos que hizo Mario Caimi en su traducción al español de esta Crítica, con el fin de «completar el sentido de algunas proposiciones en español», pero sin comprometer o alterar la integridad del texto original.

Desarrollo: las definiciones kantianas del fenómeno

Objeto indeterminado de la intuición empírica

El efecto de un objeto sobre la capacidad representativa, en la medida en que somos afectados él, es sensación. Aquella intuición que se refiere al objeto por medio de la sensación se llama empírica. El objeto indeterminado de una intuición empírica se llama fenómeno.

Ibid., B34, pág. 71

Aquí Kant entendería el «fenómeno» como un objeto genérico que por medio de la sensibilidad (empíricamente) nos es conocido de forma inmediata.

Comparemos esta definición con el sentido de las siguientes citas:

… [que] no podemos tener conocimiento de ningún objeto como cosa en sí misma, sino solamente en la medida en que sea objeto de la intuición sensible, es decir, como fenómeno […].

Ibid., BXXVI, pág. 25

Aquí también el fenómeno correspondería a todo objeto sensible conocido inmediatamente.

Todo lo que es representado por medio de un sentido es, en esa medida, siempre fenómeno […].

Ibid., B68, pág. 94

En este caso, Kant entiende que el «fenómeno» podría ser todo aquello que se nos hace presente a través del sentido.

Los fenómenos suministran, desde luego, casos, a partir de los cuales es posible una regla según la cual algo acontece habitualmente, pero nunca [dicen] que el resultado sea necesario […].

Ibid., B124, págs. 133-134.

Esta cita de Kant supone una caracterización indirecta del «fenómeno», ya que en ella se vincula con lo empírico.

Objeto de la percepción

Los fenómenos, como objetos de la percepción, no son intuiciones puras (meramente formales), como el espacio y el tiempo (pues éstos no pueden ser percibidos en sí mismos). Contienen en sí, pues, además de la intuición, también las materias para cualquier objeto en general (mediante las cuales se representa algo existente en el espacio o en el tiempo), es decir, lo real de la sensación, como representación meramente subjetiva, de la cual uno puede ser consciente solamente de que el sujeto es afectado, y a la cual se la refiere a un objeto en general.

Ibid., B207, pág. 214

En este caso, Kant expresa, con una redacción quizás algo oscura, que el «fenómeno» no se caracterizaría por un conocimiento inmediato (intuitivo) absolutamente formal, es decir, totalmente ajeno al material sensible en que este se basa, sino que, por el contrario, contienen siempre una síntesis de forma y materia, que se nos hace presente como representación subjetiva del objeto general.

Todos los fenómenos están en el tiempo, sólo en el cual, como substrato, (como forma permanente de la intuición interna) pueden ser representadas tanto la simultaneidad como la sucesión. […] Ahora bien, el tiempo, en sí, no puede ser percibido. En consecuencia, en los objetos de la percepción, es decir, en los fenómenos, debe encontrarse el substrato que representa al tiempo en general, y en el cual puede ser percibido, en la aprehensión, todo cambio o simultaneidad por medio de la relación de los fenómenos con él. […] Por consiguiente, lo permanente, sólo en relación con lo cual pueden ser determinadas todas las relaciones temporales de los fenómenos, es la substancia en el fenómeno, es decir lo real de éste, lo cual, como substrato de todo cambio, permanece siempre el mismo.

Ibid., B225, pág. 226-227

Kant señala cómo la representación del tiempo en el sujeto no se produce como puro vacío intelectual, sino que tendría su fundamento necesario y referencia, precisamente, en lo permanente (la «substancia») del objeto de la percepción, es decir, del fenómeno. Por ello, el «fenómeno» no sería un objeto general puro, independiente de todo contenido empírico o materia, sino dependiente de un substrato real, la substancia, cuya afectación es percibida o aprehendida por el sujeto.

Objeto posible

El espacio es meramente la forma de la intuición externa, pero no es un objeto efectivamente real, que pudiera ser intuido exteriormente; y no es un correlato de los fenómenos, sino la forma de los fenómenos mismos. Por consiguiente, el espacio no puede presentarse de manera absoluta (por sí solo) como algo determinante en la existencia de las cosas; porque no es un objeto, sino sólo la forma de objetos posibles.

Ibid., B459, págs. 429-430

En esta ocasión, Kant identificaría el «fenómeno» con los objetos posibles de la experiencia exterior, conocidos inmediatamente de acuerdo con su forma a priori de espacio.

Objeto de la experiencia posible

… aun cuando, si considero todas las cosas, no como fenómenos, sino como cosas en sí, y como objetos del mero entendimiento, [entonces] ellas, a pesar de ser substancias, pueden, sin embargo, ser consideradas como dependientes, en lo que toca su existencia, de una causa ajena; pero esto, entonces, introduciría muy diferentes significados de las palabras, y no se aplicaría a los fenómenos, como objetos posibles de la experiencia.

Ibid., B252, pág. 245

Aquí Kant entiende el «fenómeno» como objeto posible de la experiencia, y no como objeto meramente intelectual.

El uso trascendental de un concepto en cualquier principio es éste: que él es referido a cosas en general y en sí mismas; y el [uso] empírico, cuando él es referido meramente a fenómenos, es decir, a objetos de una experiencia posible. […] Para todo concepto se requiere, primeramente, la forma lógica de un concepto (del pensar) en general, y en segundo lugar, [se requiere] también la posibilidad de darle un objeto al cual se refiera. Sin este último, no tiene ningún sentido, y es enteramente vacío de contenido […].

Ibid., B298, pág. 276

Kant postula aquí que todo concepto, en rigor, necesita de una forma lógico-conceptual en general y de un objeto de experiencia posible, es decir, un fenómeno, al que referirse, pues de lo contrario carecería de sentido y contenido. Se define, pues, el «fenómeno» como aquel objeto de la experiencia posible que dota de sentido y contenido al concepto.

En relación con el significado anterior del fenómeno, a continuación, analizaremos de forma conjunta las siguientes dos citas de Kant:

El espacio tiene tres dimensiones; entre dos puntos sólo puede haber una línea recta, etc. Aunque todos estos principios, y la representación del objeto en el que se ocupa aquella ciencia, sean generados enteramente a priori en la mente, no significarían nada, si nosotros no pudiéramos siempre exhibir su significado en fenómenos (en objetos empíricos). Por eso se exige también hacer sensible un concepto abstracto, es decir, exponer en la intuición el objeto que le corresponde, porque sin esto, el concepto quedaría (como se suele decir) sin sentido, es decir sin significado. La matemática cumple esta exigencia mediante la construcción de la figura, que es un fenómeno presente a los sentidos (aunque producido a priori). […].

Ibid., B299, págs. 276-277

Que éste es el caso también con todas las categorías y con los principios elaborados a partir de ellas, se hace manifiesto también desde que no podemos definir [de manera] real ninguna de ellas, es decir, [no podemos] hacer comprensible la posibilidad del objeto de ellas, sin descender enseguida a las condiciones de la sensibilidad, y por tanto, a la forma de los fenómenos, a los cuales, como únicos objetos de ellas, ellas deben, en consecuencia, ser limitadas, porque si se suprime esta condición desaparece toda significación, es decir, [toda] referencia al objeto, y uno no puede hacerse concebible mediante ningún ejemplo qué cosa es la aludida propiamente con tales conceptos. […].

Ibid., B300, pág. 277

Conjuntamente consideradas las anteriores, Kant vuelve a definir el «fenómeno» como el objeto empírico o sensible de la experiencia posible al que ha de referirse todo concepto o categoría del entendimiento, a fin de poseer estos sentido o significación.

Objeto del entendimiento

Y ni aun el mero proyecto de una u otra de estas ciencias puede adscribirse al entendimiento, aunque él estuviera enlazado con el más elevado uso lógico de la razón, es decir, con todas las inferencias concebibles, para avanzar de un objeto de él (fenómeno) a todos los otros, hasta alcanzar los más remotos miembros de la síntesis empírica; sino que [tal proyecto] es únicamente un puro y legítimo producto, o problema, de la razón pura.

Ibid., B392, págs. 344-345

Este proyecto al que Kant se refiere es el de una psicología racional (ciencia trascendental del alma), una cosmología racional (ciencia trascendental del mundo) o una teología trascendental (conocimiento trascendental de Dios). Lo aquí el filósofo nos dice es cualquiera de estos proyectos son solo el resultado del uso lógico más elevado de la razón (de la razón pura) y, por ello, no puede serlo del uso empírico del entendimiento, referido siempre a sus objetos, los fenómenos. Es decir, en este caso el «fenómeno» se define, indirectamente o por un rodeo, como el objeto del entendimiento.

Distinto de la apariencia

Comentamos conjuntamente las siguientes citas:

Si digo: en el espacio y en el tiempo, la intuición, tanto de los objetos externos, como también la auto-intuición de la mente, los representa a cada uno [de estos objetos] tal como [él] afecta a nuestros sentidos, es decir, como aparece, eso no quiere decir que esos objetos sean una mera apariencia ilusoria. Pues en el fenómeno, los objetos, e incluso las maneras de ser que les atribuimos, son considerados siempre como algo efectivamente dado; sólo que en la medida en que esa manera de ser depende solamente de la especie de intuición del sujeto en la relación que con él tiene el objeto dado, ese objeto, como fenómeno, se diferencia de él mismo como objeto en sí. […] Sería culpa mía si, de aquello que yo debía contar entre los fenómenos, hiciera una mera apariencia ilusoria.

Ibid., B69, pág. 95

… Lo que no se encuentra jamás en el objeto en sí mismo, pero sí se encuentra en la relación de él con el sujeto, y es inseparable de la representación del primero, es fenómeno; y así, los predicados del espacio y del tiempo se atribuyen legítimamente a los objetos de los sentidos, como tales, y en esto no hay ninguna apariencia ilusoria. Por el contrario, si le atribuyo a la rosa en sí el rojo, a Saturno las asas, o a todos los objetos externos en sí la extensión, sin considerar una determinada relación de esos objetos con el sujeto, y sin limitar a ésta mi juicio, sólo entonces surge la apariencia ilusoria.

Ibid., B70, nota, págs. 95-96

En estas dos citas, Kant nos ofrece, quizás, su más conocida definición del concepto «fenómeno». Este sería aquello que es distinto del objeto en sí mismo, pero que sí está en relación con el sujeto y con la representación de aquel. Es decir, el fenómeno no sería una apariencia ilusoria, sino el objeto que sensiblemente se le aparecería al sujeto, por lo que, si bien sería algo diferente del objeto en sí, siempre sería considerado algo efectivamente dado, y, en ese sentido, real.

… Aún menos deben ser tenidos por idénticos fenómeno y apariencia ilusoria. […]

Ibid., B349, pág. 316

Kant reitera que el «fenómeno» en ningún caso sería engaño o ilusión. Es decir, se reitera una definición negativa del fenómeno, como aquello que está condicionado por la estructura cognoscitiva del sujeto, pero que efectivamente se le aparece o presenta.

Comparemos ahora las anteriores citas con las siguientes:

Hay […] dos condiciones, sólo bajo las cuales es posible el conocimiento de un objeto: en primer lugar la intuición, por medio de la cual él es dado, pero sólo como fenómeno; en segundo lugar el concepto, por el cual es pensado un objeto que corresponde a esa intuición. […].

Ibid., B125, pág. 134

En este caso, Kant identifica el «fenómeno» con el conocimiento intuitivo de un objeto, y lo distingue del conocimiento conceptual de aquel. Bajo el primer modo de conocimiento el objeto nos es dado como fenómeno, y por el segundo el objeto intuido es pensado.

… Ahora bien, como para el conocimiento de nosotros mismos, además de la acción del pensar que lleva a la unidad de la apercepción lo múltiple de toda intuición posible, se requiere también una determinada especie de intuición, por la cual ese múltiple es dado, entonces mi propia existencia no es, por cierto, fenómeno (y aun menos mera apariencia ilusoria)…

Ibid., B157, pág. 181

Aquí Kant señala que el conocimiento de uno mismo requiere, además de la acción del pensar que une lo múltiple de toda intuición posible, una intuición determinada a través de la cual nos es dado eso múltiple, por lo que la existencia propia no es fenómeno, pero aún menos mera ilusión o engaño. En este caso, el «fenómeno» también sería distinto de la apariencia ilusoria y se  identificaría con el conocimiento inmediato (intuitivo) de lo múltiple, por el cual este se nos hace presente.

Lo real mismo

… La posibilidad de los objetos de los sentidos es una relación de éstos con nuestro pensar, en la cual algo (a saber, la forma empírica) puede ser pensada a priori, pero aquello que constituye la materia, la realidad en el fenómeno (lo que corresponde a la sensación) debe ser dado, sin lo cual no podría ser tampoco pensado, ni podría ser representada, por tanto, su posibilidad. […].

Ibid., B609, pág. 537

Aquí Kant parece querer decir, mediante una intrincada redacción, que el «fenómeno» se correspondería con la realidad misma (la sensación) que nos es dada, y sin la cual no cabe pensamiento alguno.

Representación

Por consiguiente, es indudablemente cierto, y no meramente posible ni probable, que espacio y tiempo, como las condiciones necesarias de toda experiencia (externa e interna), son condiciones meramente subjetivas de toda nuestra intuición, en relación con la cual, por eso, todos los objetos son meros fenómenos y no cosas dadas en sí de esta manera; de los cuales [fenómenos], también por eso, se puede decir mucho a priori por lo que respecta a la forma de ellos, pero nunca [se puede decir] ni lo más mínimo de la cosa en sí misma que pudiera servir de fundamento de esos fenómenos.

Ibid., B66, pág. 93

El «fenómeno» se definiría como la representación del objeto de experiencia que se nos hace presente bajo las condiciones subjetivas (formas a priori) de la sensibilidad, espacio y tiempo. Es decir, el fenómeno sería la representación subjetiva de la cosa que nos es dada.

Pero los fenómenos son sólo representaciones de cosas que están presentes sin ser conocidas en lo que respecta a lo que puedan ser en sí. Como meras representaciones, empero, no están bajo otra ley de conexión que aquella prescrita por la facultad de las conexiones. Ahora bien, aquello que conecta lo múltiple de la intuición sensible es la imaginación, que depende del entendimiento en lo que respecta a la unidad de la síntesis intelectual de ella, y [depende] de la sensibilidad, en lo que respecta a la multiplicidad de la aprehensión.

Ibid., B164, pág. 185

En este caso, coherentemente con el sentido de la cita anterior, para Kant, el «fenómeno» sería solo la representación de la cosa que se nos presenta, pero que en sí desconocemos.

… la casa no es una cosa en sí misma, sino sólo un fenómeno, es decir, una representación, cuyo objeto trascendental es desconocido; ¿qué entiendo, pues, por la pregunta de cómo pueda ser enlazado lo múltiple en el fenómeno mismo (que no es, por cierto, nada en sí mismo)? Aquí, aquello que reside en la aprehensión sucesiva, es considerado como representación; pero el fenómeno que me es dado, aunque no sea más que un conjunto de esas representaciones, es considerado como el objeto de ellas, con el cual ha de concordar mi concepto, que extraigo de las representaciones de la aprehensión.

Ibid., B236, pág. 234

Aquí el «fenómeno», de nuevo, es definido como una representación cuyo objeto trascendental (o en sí) nos resulta desconocido. A continuación, Kant añade que nuestro concepto ha de concordar con el objeto de las representaciones sucesivamente aprehendidas, es decir, con el fenómeno, del cual, además, aquel es extraído.

En la “Estética trascendental” hemos probado suficientemente que todo lo que es intuido en el espacio o en el tiempo, y por tanto, todos los objetos de una experiencia posible para nosotros, no son nada más que fenómenos, es decir, meras representaciones, que tales como son representadas, como entes extensos, o como series de mudanzas, no tienen en sí, fuera de nuestros pensamientos, existencia fundada. Esta doctrina la llamo el idealismo trascendental. El realista, en sentido trascendental, hace de estas modificaciones de nuestra sensibilidad, cosas subsistentes en sí, y por eso, convierte meras representaciones en cosas en sí mismas.

Ibid., B518-519, págs.  474-475

En esta cita, de la que no intentaremos realizar paráfrasis alguna dada su claridad y sencillez, Kant une y concilia los tres sentidos principales, identificados hasta aquí, del concepto kantiano de «fenómeno», que son: 1) objeto general de la intuición empírica (en el espacio o tiempo); 2) objeto de la experiencia posible para nosotros; y 3) representación de la cosa que nos es dada, y no de la cosa en sí (desconocida).

… Pues en sí mismos, los fenómenos, como meras representaciones, sólo son efectivamente reales en la percepción, que en verdad no es otra cosa que la realidad efectiva de una representación empírica, es decir, fenómeno. Llamar cosa efectivamente real a un fenómeno, antes de la percepción, o bien significa que debemos encontrar esa percepción en el progreso de la experiencia, o bien no tiene significado alguno. Pues que exista en sí mismo, sin referencia a nuestros sentidos ni a [nuestra] experiencia posible, [es algo que] ciertamente se podría decir, si se estuviera hablando de una cosa en sí misma. Pero se trata meramente de un fenómeno en el espacio y en el tiempo, que no son determinaciones de cosas en sí mismas, sino solamente de nuestra sensibilidad; por eso, lo que está en ellos (los fenómenos) no son, en sí mismos, algo, sino mera representaciones, que no se encuentran en ninguna parte, si no están dadas en nosotros (en la percepción).

Ibid., B521-522, pág. 477

En esta cita, Kant integra otros de los significados, vistos hasta ahora, del concepto de «fenómeno», concretamente: 1) representación empírica, distinta de algo en sí mismo; 2) objeto de la percepción; y 3) lo real mismo en la representación empírica.

… Pero los fenómenos […] no son dados en sí, sino sólo en esa experiencia, porque son meras representaciones que sólo como percepciones significan un objeto efectivamente real, a saber, cuando esa percepción está interconectada con todas las otras según las reglas de la unidad de la experiencia. […].

Ibid., B523, pág. 478

Aquí Kant reúne en una misma proposición estos tres sentidos del fenómeno: 1) representación de lo experimentado; 2) objeto de la percepción; y 3) lo real mismo.

… Por el contrario, si [sólo] me ocupo de fenómenos, que como meras representaciones, no son dados si yo no llego al conocimiento de ellos (es decir, [si yo no llego] hasta ellos mismos, pues no son nada más que conocimientos empíricos) […]. Pues los fenómenos, en la aprehensión, no son nada más que una síntesis empírica (en el espacio y en el tiempo), y por tanto, sólo en esta [síntesis] son dados. […].

Ibid., B527, págs. 480-481

Se define el «fenómeno» como la representación sintética de lo que conocemos empíricamente, es decir, en el espacio y el tiempo.

… los fenómenos en general, fuera de nuestras representaciones, no son nada; que era lo que queríamos decir con la idealidad trascendental de ellos.

Ibid., B535, pág. 486

Kant afirma que, en general, los «fenómenos» sólo son algo como representaciones nuestras.

… se considera a los fenómenos nada más que como lo que efectivamente son, a saber, no como cosas en sí, sino como meras representaciones…

Ibid., B565, pág. 506

Una vez más, aquí Kant define el fenómeno no como la cosa en sí, sino como mera representación.

El mundo sensible no contiene nada más que fenómenos; estos, empero, son meras representaciones, que siempre están condicionadas sensiblemente a su vez…

Ibid., B591, pág. 525

Aquí el fenómeno se entiende como mera representación de aquello que se nos hace presente por la sensibilidad.

… Pues fenómenos (como meras representaciones) que estuvieran dados, sin embargo, en sí mismos (como objetos), son algo imposible…

Ibid., B821, pág. 685

Otro ejemplo del fenómeno entendido como representación de lo dado en nosotros, y no del objeto en sí mismo.

Entiendo por el idealismo trascendental de todos los fenómenos, la concepción doctrinal según la cual los consideramos a todos ellos como meras representaciones, y no como cosas en sí mismas, y según la cual el tiempo y el espacio son solamente formas sensibles de nuestra intuición, y no determinaciones de los objetos dadas por sí, ni condiciones de los objetos, como cosas en sí mismas. A este idealismo se le opone el realismo trascendental, que considera al tiempo y al espacio como algo dado en sí (independientemente de nuestra sensibilidad).

Ibid., A369, pág. 369

En esta cita, Kant vuelve a definir el «fenómeno» como representación del objeto de la intuición, es decir, del objeto en la sensibilidad.

… Pues yo soy consciente de mis representaciones; por consiguiente, existen éstas, y [existo] yo mismo, que tengo esas representaciones. Ahora bien, los objetos externos (los cuerpos) son, empero, meros fenómenos, y por tanto, no son tampoco nada más que una especie de las representaciones mías, cuyos objetos son algo solamente mediante esas representaciones, pero separados de ellas no son nada. Por tanto, existen las cosas externas, exactamente como existo yo mismo; con la sola diferencia de que la representación de mí mismo, como [representación] del sujeto pensante, es referida solamente al sentido interno, mientras que las representaciones que indican entes extensos son referidas también al sentido externo.

Ibid., A369-371, pág. 370

En este caso, el «fenómeno» se identifica con una especie de representación del sujeto, en este caso, la de los cuerpos exteriores o extensos que sentimos.

… en nuestro sistema, esas cosas externas, a saber, la materia, en todas sus configuraciones y alteraciones, no son nada más que meros fenómenos, es decir, representaciones en nosotros, de cuya realidad efectiva somos inmediatamente conscientes.

Ibid., A372, pág. 371

De nuevo, el «fenómeno» es entendido como representación subjetiva de las cosas externas, de cuya realidad somos conscientes de forma inmediata.

… Por cierto que el espacio mismo, con todos sus fenómenos [entendidos] como representaciones, sólo están en mí; pero en ese espacio, sin embargo, lo real, o la materia de todos los objetos de la intuición externa, es dado efectivamente, y con independencia de toda ficción; y es, además, imposible que en este espacio sea dado algo exterior a nosotros (en sentido trascendental); porque el espacio mismo, fuera de nuestra sensibilidad, no es nada. […].

Ibid., A375, pág. 373

Aquí el «fenómeno» es entendido como una representación mía de la materia de los objetos de la intuición externa.

Ahora bien, lo universal de toda referencia que nuestras representaciones pueden tener, es 1º la referencia al sujeto; 2º la referencia a objetos, y eso, bien como fenómenos, bien como objetos del pensamiento en general. […].

Ibid., B391, pág. 344

Kant vuelve a caracterizar al fenómeno como representación del sujeto referida a objetos (pero no del pensamiento en general).

Phaenomenon o ente sensible

… Sin embargo, si a ciertos objetos, como fenómenos, los llamamos entes sensibles (phaenomena), distinguiendo la manera como los intuimos, de la constitución de ellos en sí mismos, va implícito ya en nuestro concepto que, por así decir, les contraponemos a ellos, ya sea estos [objetos] mismos, [tomados] según esta última constitución, aunque no los intuyamos en ella, o ya también otras cosas posibles que no son objetos de nuestros sentidos, en tanto que son objetos meramente pensados en el entendimiento, y [a éstos] los llamemos entes inteligibles (noumena). […].

Ibid., B306, pág. 283

En esta cita, Kant define el «fenómeno» como el ente sensible (phaenomenon) tal y como nosotros lo intuimos, contraponiéndolo al objeto en sí o al ente inteligible (noúmeno).

Concepto sensible de un objeto

… Por eso el esquema es propiamente sólo el fenómeno, o el concepto sensible de un objeto, en concordancia con la categoría. […].

Ibid., B186, pág. 199

En relación con la caracterización del esquema, Kant identifica al fenómeno con el concepto sensible de un objeto, es decir, con una representación común o sintética de las diversas representaciones sensibles del objeto.

Fenómeno y noúmeno

Sobre esta distinción y el significado dado al término fenómeno vale lo señalado arriba en el apartado «Phaenomenon o ente sensible».

Además, Kant dice lo siguiente:

… Con respecto a los fenómenos se puede, por cierto, usar el entendimiento y la razón; pero se plantea la pregunta si éstos tienen todavía algún uso, cuando el objeto no es fenómeno ([sino] noumenon); y en este sentido se lo toma cuando se lo piensa en sí mismo, como meramente inteligible, es decir, como dado al entendimiento solo, y no a los sentidos.

Ibid., B313, pág. 291

Aquí se define el «fenómeno» como el objeto dado a los sentidos y al pensamiento (entendimiento y razón), distinguiéndolo del objeto en sí mismo, en cuanto meramente inteligible o intelectual puro.

Conclusión: una definición operativa del fenómeno en Kant

Llegados a este punto, tras identificar, ejemplificar y exponer los distintos significados kantianos dados al concepto de «fenómeno», ahora vamos a tratar de integrar los elementos esenciales y comunes de todos ellos en una propuesta de definición operativa y fundada de dicho concepto. Estos elementos definitorios son: 1) objeto; 2) intuición empírica; y 3) entendimiento.

De acuerdo con lo anterior, y a modo de probable síntesis parsimoniosa, el fenómeno kantiano podría definirse, en general, como el objeto de la experiencia que se nos presenta a través de las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y del entendimiento (categorías).

La definición que acabamos de aportar, en ningún caso sustituye o desvirtúa (ni pretende hacerlo) cada una de las múltiples, pero relacionadas, definiciones dadas por el propio Immanuel Kant en el curso del desarrollo de su obra capital; y de las cuales este ensayo también recoge y presenta, de forma rigurosa y sencilla, una muestra representativa de todas ellas.


Bibliografía

Abbagnano, N. (1993). Diccionario de filosofía. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Abbagnano, N. y Fornero, G. (2000). B 2: Dall’empirismo al criticismo. Turín: Paravia Bruno Mondadori Editori.

Kant, I., Caimi, M., Amador, E. y Granja Castro, D. M. (2011). Crítica de la razón pura. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

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