El criticismo kantiano y sus raíces históricas

Sigamos conociendo un poco mejor a nuestro primer protagonista de la filosofía, I. Kant. En nuestra anterior entrada hablamos de la Crítica como obra suya en relación con el fenómeno del conocimiento, hoy queremos alejarnos un poco de lo particular y presentaros la crítica como su instrumento filosófico por excelencia, es decir, su propio «criticismo».

Para ello, ahora resumiremos el § 6, «Il criticismo come “filosofia del limite” e l’orizzonte storico del pensiero kantiano», del cap. 26 de B 2: Dall’empirismo al criticismo (2000) de G. Fornero, págs. 659-660, que describe esta crítica kantiana como una «filosofía del límite» —interpretación existencialista que de esta han hecho algunos intérpretes italianos, como N. Abbagnano o P. Chiodi—, y que señala sus raíces y condicionantes históricos más destacadas.

El pensamiento de Kant se denominaría «criticismo» por contraponerse al «dogmatismo» —que consiste en la disposición a no cuestionar la fiabilidad del discurrir puro de la razón y la validez de sus efectos—, haciendo que la «crítica» pase a ser el medio principal de la filosofía. De hecho, «critcar», en la terminología de Kant, significaría preguntarse explícitamente sobre el fundamento de ciertas experiencias humanas, aclarando sus posibilidades (las condiciones que permiten su existencia), su validez (los títulos de legitimidad o ilegitimidad que las caracterizan) y sus límites (las fronteras de validez).

Para Kant resultaría esencial y caracterizador el aspecto del límite. Es decir, la «critica» kantiana no surgiría si no hubiese que fijar, en cada campo, unos determinados términos de validez. Por ello el criticismo se configuraría como una filosofía del límite y podría definirse como una suerte de arte interpretativo de la finitud (Abbagnano, 1944, citado en Fornero, 2000, pág. 660), o como una exégesis de la existencia dirigida a establecer, en los diversos ámbitos de la experiencia, el carácter finito o condicionado de las posibilidades de existencia.

De todas formas, esta filosofía de lo finito en Kant no equivaldría a una forma de escepticismo, ya que señalar el límite de una experiencia significaría al mismo tiempo garantizar, en el límite mismo, su validez. Por ello, el reconocimiento y la aceptación del límite llegaría a ser la pauta que da legitimidad y soporte a las diversas facultades humanas, en tanto en cuanto la filosofía crítica, precisamente, lo que quiere es hallar en el límite de la validez la validez del límite (Chiodi, 1970, citado en ibid.). Es decir, la relación que une y al mismo tiempo separa a Hume y Kant se muestra aquí evidente, pues, aunque Kant se propone renunciar a cualquier evasión de los límites del hombre, esto no implica su renuncia a fundar la validez de las actividades humanas.

Llegados a este punto, está claro que la construcción del «criticismo» no fue solo resultado de un descubrimiento brillante de Kant, sino también del éxito de determinadas condiciones y ejemplos intelectuales de su época, así como del desarrollo del pensamiento filosófico anterior. En palabras de Fornero (ibid., trad. propia):

El kantismo se inserta, en efecto, en el específico horizonte histórico del pensamiento moderno y está definido por esas dos coordenadas básicas que son la Revolución científica, por un lado, y la progresiva crisis de las metafísicas tradicionales, por el otro.

Esta situación, además, terminaría por repercutir en la ética, tradicionalmente deducida de la metafísica, aflorando el problema de una moral autónoma respecto a las especulaciones ontológicas; y también en la reflexión sobre el arte, el «gusto» y lo sentimental en el ser humano, motivando toda una serie de preguntas sobre su estructura y validez. Lo anterior resultó en la emergencia histórica del criticismo, el cual cuestionaría radicalmente el saber, de la moral y de la experiencia estética y sentimental, concretándose en las tres obras princiaples de Kant: la Crítica de la razón pura, la Crítica de la razón práctica y la Crítica del juicio. Desde esta perspectiva, el kantismo supondría la continuación de aquella actitud crítica que el empirismo inglés había mantenido desde Locke, reconociendo y señalando los límites de la razón y del mundo humano, y que la Ilustración había defendido y divulgado intensamente en el siglo XVIII.

Con todo, el kantismo se distinguiría del empirismo tanto por el rechazo a sus resultados escépticos, como por la profundidad del análisis crítico, o sea, por un método de filosofar que no se detendría en la descripción de los mecanismos cognoscitivos, éticos, sentimentales, etc., sino que trataría de fijar las condiciones posibilitantes y los límites de validez. Por su parte, la distinción con la Ilustración es su mayor radicalidad de intenciones, literalmente (ibid., trad. propia):

De hecho, si la Ilustración había llevado ante el tribunal de la razón el mundo entero del ser humano, Kant se propone llevar ante el tribunal de la razón a la razón misma, para así aclarar de modo exhaustivo tanto sus estructuras como sus posibilidades.

Kant, aun así, sería hijo de la Ilustración, pues este consideraba que las fronteras de la razón puedían ser trazadas solamente por la razón misma, la cual, siendo autónoma, no puedía asumir  una dirección y guía externa. Tanto es así que Kant, siempre estuvo en contra de limitar a la razón en nombre de la fe o de cualquier experiencia más allá de lo racional, rechazando cualquier fideísmo, misticismo o fanatismo.

En definitiva, nos dice Fornero (2000, pág. 661, trad. propia):

Según Kant los límites de la razón tienden a coincidir con los límites del ser humano: por lo que quererlos cruzar en nombre de presuntas capacidades superiores a la razón solo supone embarcarse en sueños arbitrarios o fantásticos.

Finalizamos aquí esta entrada acerca del posible sentido existencial y los probables orígenes históricos del denominado criticismo de Kant, esperando que esta pueda resultaros ilustradora o edificante en algún sentido. Como siempre, os animamos a comentar, criticar o sugererir lo que os venga en gana. ¡Hasta la próxima lectores!


Bibliografía

Abbagnano, N. y Fornero, G. (2000). B 2: Dall’empirismo al criticismo. Turín: Paravia Bruno Mondadori Editori.

Kant, I. y Chiodi, P. (1970). Scritti morali. Turín: Utet.

Fornero, G. present. de N. Abbagnano, Le origini storiche dell’esistenzialismo (dispensa di una lezione universitaria, Turín, 1944), en “MicroMega”, 5, 2001, pp. 283-300.

Kant, I., Caimi, M., Amador, E. y Granja Castro, D. M. (2011). Crítica de la razón pura. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Kant, I. y Granja Castro, D. (2005). Crítica de la razón práctica. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Kant, I., García Norro, J. y Rovira, R. (2011). Crítica del juicio. Madrid: Tecnos.

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