La división del conocimiento en la «Crítica de la razón pura»

Nuestro recorrido a través de los protagonistas de la filosofía empieza por uno de los más influyentes y conocidos del pensamiento occidental, Immanuel Kant. Aunque este no ha pasado a la historia por la calidad o belleza de su pluma, sí que lo ha hecho por la importancia y radicalidad de las implicaciones de su pensamiento. Con él existe un verdadero antes y después en la consideración de la razón humana.

Gran parte de esta revolución está genialmente cifrada en la Crítica de la razón pura (2011, ed. A y B), una de las obras fundamentales y más conocidas de Kant. Veamos, ahora, lo que allí dijo sobre el conocimiento, o más en general, sobre el hecho del conocer. En lo que sigue —como además será habitual en los artículos formativos y divulgativos del blog— voy a resumir la exposición que, sobre esta cuestión, hace Giovanni Fornero en B 2: Dall’empirismo al criticismo (2000, págs. 665-667).

Según Kant (2011, B355, pág. 319), el conocimiento se articula en tres facultades principales:

Todo nuestro conocimiento comienza por los sentidos, pasa de allí al entendimiento, y termina en la razón […].

Su primera facultad es la sensibilidad con la cual los objetos no son dados intuitivamente a través de los sentidos y por medio de las formas a priori de espacio y tiempo. La segunda, es el entendimiento, en sentido estricto, mediante el cual pensamos los datos de la sensibilidad por medio de los conceptos puros o las categorías. La tercera y última facultad del conocimiento es la razón, en sentido estricto, a través de la cual, procediendo más allá de la experiencia, tratamos de explicar la realidad global mediante tres ideas fundamentales: alma, mundo y Dios.

La estructura de la Crítica de la razón pura también se basa, esencialmente, en esta tripartición de la facultad cognoscitiva en general. La obra se divide en dos secciones principales: la doctrina elemental, que se propone descubrir, aislándolos, aquellos elementos formales del conocimiento, denominados puros o a priori; y la doctrina del método, que consiste en determinar el uso posible de los elementos a priori del conocimiento, es decir, el método del conocimiento mismo. Además, «La doctrina elemental» se divide, a su vez, en «Estética trascendental» y «Lógica trascendental».  La Estética trascendental estudia la sensibilidad y sus formas a priori de espacio y tiempo, mostrando cómo la matemática se basa en ella. Por otro lado, la Lógica trascendental se desdobla, a su vez, en Analítica trascendental, que estudia el entendimiento y sus formas a priori —las 12 categorías—, mostrando cómo la física se funda en ellas; y en Dialéctica trascendental, que estudia la razón y sus tres ideas de alma, mundo y Dios, mostrando cómo la metafísica se funda en estas.

Kant, de acuerdo con el sesgo subjetivista de su filosofía, conectaría el concepto de «trascendental» con el de forma a priori, la cual no expresaría una propiedad (ontológica) de la realidad en sí, sino solo una condición (gnoseológica) que haría posible el conocimiento de la realidad fenoménica. Desde este punto de vista, para este filósofo la palabra trascendental «no significa algo que sobrepasa toda experiencia, sino lo que antecede (a priori) ciertamente a ella, pero que no está destinado a nada más, sino sólo a hacer posible el conocimiento empírico» (Prolegómenos, 1999, pág. 305). Con todo, lo trascendental no coincidiría, sin más, con lo a priori, entendido como lo contrario de lo empírico, más bien el significado principal de trascendental sería el que lo identifica no con los elementos a priori en cuanto tales, sino con el estudio filosófico de los mismos. En palabras del propio Kant (2011, B25, pág. 66):

Llamo trascendental a todo conocimiento que se ocupa, en general, no tanto de objetos, como de nuestra manera de conocer los objetos, en la medida en que ella ha de ser posible a priori.

En consecuencia, siendo rigurosos, para Kant resultarían trascendentales no tanto las formas a priori, cuanto las disciplinas filosóficas relativas a estas, como la estética trascendental, la analítica trascendental, etc.

Teniendo en cuenta lo anterior, podemos entender de modo más completo el título de la obra principal de Kant. Si con el término razón se entiende, en sentido amplio, la facultad cognoscitiva en general y por razón pura «aquella que contiene los principios para conocer algo absolutamente a priori» (2011, B24, pág. 65), el título en cuestión (en alemán, Kritik der reinen Vernunft) puede ser interpretado del siguiente modo (Fornero, 2000, págs. 666-667):

Examen crítico general de la validez y los límites que la razón humana posee en virtud de sus elementos puros a priori.

Es decir, la Crítica representaría un análisis de las auténticas posibilidades cognoscitivas del ser humano y se configuraría como una especie de mapa filosófico de la potencia e impotencia de la razón, en cuanto depositaria de principios puros o a priori.

En definitiva, ante el «tribunal» de la crítica la razón se presentaría como juez y enjuiciado al mismo tiempo; tanto es así, que el genitivo del título resulta simultáneamente objetivo y subjetivo, ya que la crítica es «de la» (en alemán, der) razón tanto en el sentido de que la razón es lo que se vuelve argumento de crítica, como en el sentido de que aquella es lo que moviliza la crítica.

Aquí concluye nuestro artículo sobre la división del conocimiento en la Crítica de la razón pura de Kant, nuestro primer protagonista. Esperamos vuestras opiniones sobre el mismo, con la esperanza puesta en que os haya resultado claro y en alguna medida inspirador, sugerente, instructivo o, simplemente, interesante. En cualquier caso, ha llegado tu turno estimado lector, ¿qué es para ti esa cosa llamada «conocimiento»?, ¿estás de acuerdo con la concepción y perspectiva de Kant?, ¿qué crees que ha aportado, aporta o puede aún aportar esta a la ciencia y otros campos de la cultura?… El conocimiento y la crítica están en tus manos: tienes la palabra, ¡tú también puedes ser protagonista!

P. D. También son bienvenidas las sugerencias sobre nuestro próximo protagonista y los temas de nuestros próximos artículos divulgativos.


Bibliografía

Abbagnano, N. y Fornero, G. (2000). B 2: Dall’empirismo al criticismo. Turín: Paravia Bruno Mondadori Editori.

Kant, I., Caimi, M., Amador, E. y Granja Castro, D. M. (2011). Crítica de la razón pura. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Kant, I. y Caimi, M. (1999). Prolegómenos a toda metafísica futura que haya de poder presentarse como ciencia. Tres Cantos: Istmo.

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